Divorcios en las altas esferas patrias o allende nuestras fronteras

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

Divorcios en las altas esferas patrias o allende nuestras fronteras

Mensaje por Tasmania el Vie Sep 01, 2017 10:22 pm

Inaguro este hilo con esta entrevista de la ex churri del de Ferrovial que me ha dejado :yikes: :yikes: :yikes: :yikes:

Astrid Gil-Casares: "Enfrentarse a Rafa no es fácil. Es como entrar en guerra contra Estados Unidos"

Creció en uno de los entornos más elitistas de España, pero fue su matrimonio con el empresario Rafael del Pino el que la situó en el mapa mediático. Tras su divorcio, concede su primera entrevista.
Por Vera Bercovitz


20 de agosto de 2017 / 8:45
Lectura: 12 minutos

[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]
Astrid Gil-Casares viste abrigo marrón y chaleco blanco de Céline, camisa de Sportmax, falda de piel de Loewe, sandalias de Pierre Hardy y pulsera y anillo de oro rosa de Cartier. ©️Sofía Moro.

Los tatuajes pueden servir de catarsis, de liberación, de resistencia. Pueden recordar una muerte o la pérdida de un amor. Son una forma de regular tensiones internas y suelen tener un efecto purificador. Astrid Gil-Casares (Madrid, 1971), mujer alta y delgada, de pelo revuelto y mirada azul, ha inundado sus brazos de tinta. En el antebrazo izquierdo se ha grabado los nombres de sus tres hijas: Tadea, Alec y Cleo (que también luce en su dedo anular, donde antes llevaba su anillo de casada). Muy cerca se ha grabado un número cinco enorme, pero nadie, salvo ella misma, sabe a qué corresponde. “Ni siquiera mi hermana, y a ella le cuento todo”.

En su brazo izquierdo, cerca del codo, como si fuera un copo de nieve gigante, lleva el escudo de los guerreros nórdicos. "Porque soy normanda, vikinga, como mi madre". El más curioso recoge parte del célebre discurso que Churchill pronunció en 1940, cuando nombraron primer ministro y las tropas aliadas experimentaban continuas derrotas frente a la Alemania nazi: "I have nothing to offer but blood, toil, tears and sweat" [No tengo nada que ofrecer sino sangre, trabajo, lágrimas y sudor]. Astrid lo recita entero. De memoria. En inglés. Perfecto.

En los últimos tiempos, Gil-Casares también ha experimentado continuas derrotas y, como Churchill, no tiene nada que ofrecer salvo “sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor”. Hace ahora casi un año empezó a escribir uno de los capítulos más complejos de su biografía. El divorcio de su marido, Rafael del Pino y Calvo-Sotelo, presidente ejecutivo de Ferrovial. Llevaban 12 años juntos. Se casaron el 10 de junio de 2006 y, ese día, Astrid parecía feliz. Sus brazos lucían blancos, lisos, limpios.

Al enlace acudió la élite de la sociedad española, caras mediáticas como Isabel Sartorius, Eugenia Martínez de Irujo, Isabel Preysler, así como algunos de los empresarios más importantes del país: Florentino Pérez, César Alierta, los Albertos, Isak Andic, los Puig... “Me casé muy enamorada. Rafa es como James Bond. Inteligente, atractivo, sexy. Lo hace todo bien. Es el que mejor dispara, el que mejor esquía, el que mejor pilota helicópteros, el que mejor discursos hace... Si mañana estallara la tercera guerra mundial y hubiera que irse a vivir a la jungla, él acabaría teniendo la mejor cabaña del bosque. No lo dudo. Sería el rey de la jungla". Para Astrid era su primera boda. Para el empresario, la segunda. Del Pino se había casado en primeras nupcias con Cristina Fernández-Fontecha, fallecida en agosto de 1998. Él enviudó a los 40 años y con tres hijos: Rafael, Ignacio y Juan.

El proceso de divorcio entre ambos ha durado casi un año y ha sido tan negro como la tinta con la que Astrid ha ido cubriendo su cuerpo.
—¿Por qué empezó a tatuarse?
—Era eso o cinco años de terapia con medicación. Esto me parecía más rápido.
—¿Qué representan?
—Son las marcas del divorcio. Cada vez que Rafa me ataca me tengo que proteger. Son mis escudos.

En nuestro primer encuentro le conté nueve. Tres meses después, 16. La última vez que hablo con ella, 21. Sus brazos estaban llenos, así que empezó a marcar otras partes de su cuerpo: la espalda, los costados... “Enfrentarse a Rafa no es fácil. Es como entrar en una guerra contra Estados Unidos. Por mucha artillería que tengas, él está acostumbrado a combatir. La gente me pregunta: ‘¿Cómo se toma Rafa el divorcio?’. Pues debe de estar en su orden del día: la autopista 407, la gestión del aeropuerto de Heathrow y el divorcio”, dice con las piernas recogidas sobre un sillón y fijando en mí su enorme mirada. “Me ha hecho mucho daño. Él sabe por qué me he ido”, aduce por toda explicación sobre su separación.

Hace una tarde espléndida. En el jardín de su casa, una vivienda unifamiliar que ha alquilado en La Moraleja, no se escucha un ruido. Sus tres hijas están con su padre, quien comparte custodia con Astrid. "Rafa se enfrenta en su día a día a una cantidad de decisiones que la mayoría de la gente no tiene que tomar. Parte de su éxito radica en que no se mueve con las mareas. Esa fuerza, ese estoicismo, ese control de la situación es lo que le hacen ser quien es".

Rafael del Pino y Calvo-Sotelo es un hombre menudo, de frente despejada y tez bronceada. Heredó en el año 2000 la constructora Ferrovial de manos de su padre, el todopoderoso Rafael del Pino, quien falleció en 2008. A sus 59 años, es la tercera fortuna de España, por detrás de Amancio Ortega y Juan Roig. Según Forbes, a él y a sus hermanos se les estima un patrimonio de 7.650 millones de euros. Además de su casa en El Viso, donde vivía con Astrid y sus seis hijos, posee una mansión en Formentera, una finca en Cáceres, dos veleros con su respectiva tripulación, el yate Alcor, que heredó de su padre, un helicóptero, un avión privado y varios vehículos para uso familiar. Astrid decidió prescindir de todo. “Hubo conocidas, de hecho bastante gente de mi entorno, que me decían que no le dejara, que hiciera la vista gorda”.

[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]
"Son las marcas del divorcio", aclara. En la foto, con chaqueta Bar de Christian Dior. ©️Sofía Moro.

Astrid Gil-Casares es una mujer atractiva, algo insegura, bastante valiente, muy confiada y de una curiosidad insaciable. Durante nuestros encuentros me hará casi tantas preguntas como yo a ella. Hija del ingeniero naval Santiago Gil-Casares Armada y de la francesa Catherine Marlier, es la mayor de dos hermanos, Gonzalo y Paula -“Mis pilares”-, y pertenece a uno de los entornos más elitistas y discretos de la alta sociedad madrileña. De su madre, hija de un conde, aprendió los idiomas y los modales. De su padre, un hombre conservador, sobrino del general golpista Alfonso Armada, heredó la curiosidad y el respeto absoluto por la privacidad de los demás: “Nunca juzgues por qué la gente hace lo que hace”, me solía repetir.

Cuando Astrid tenía siete años sus padres se separaron y cuando cumplió 12 se fue a vivir con su padre. “Mi madre y yo chocábamos mucho. Con él tenía libertad total y una conexión intelectual brutal. Confiaba mucho en mí”. Ella creció en Puerta de Hierro, veraneaba en Sotogrande, estudió en el colegio de monjas Saint Chaumond -que luego cambió por el Liceo Francés-, pertenecía al exclusivo Club Puerta de Hierro... “Vivía en una burbuja. Fiestas, puestas de largo, entornos políglotas. De pequeña piensas que eso es lo normal. Que todo el mundo vive así”. Desde su infancia se codeó con algunos de los grandes apellidos de nuestro país: Gómez Acebo, Primo de Rivera, Entrecanales, Sainz de Vicuña... También es amiga del rey Felipe, a quien conoce desde que eran adolescentes, y de su círculo más íntimo: los hermanos Ricky y Álvaro Fuster, el empresario Javier López Madrid, Kyril de Bulgaria... Terreno vedado.

La vida de Gil-Casares dio un giro el día que conoció al empresario Carlo Clavarino. Este italiano, cuyo nombre no le dirá nada, era la mano derecha de Giovanni Alberto Agnelli, el heredero del grupo Fiat fallecido en 1997 a los 33 años, víctima de un tumor cerebral. “Me vio una noche en Pachá con mis amigas, eran las seis de la mañana. Se me acercó y me dijo: ‘Tú te crees la reina del mambo, pero no sabes nada de la vida. ¿Hablas italiano? Si aprendes mi idioma, te enseñaré el mundo”. A los seis meses Astrid llamó a Clavarino y le habló en italiano. El empresario cumplió su parte del trato. “Esta tarde a las ocho en Barajas. En la terminal privada”, le dijo. “Nos fuimos a pasar el fin de semana a Malindi, en Kenia. Un paraíso. No había cambio horario. Así que el lunes estaba de vuelta en la universidad”.

De la mano de Clavarino, su “mentor”, Astrid dio el salto internacional. Aviones privados, destinos paradisíacos, cenas en castillos, fiestas exclusivas... Pasó de moverse entre las grandes familias españolas a hacerlo entre las grandes familias europeas: los Rothschild, los Agnelli, los Habsburg, los Fürstenberg. “Conocí a gente con mucho poder. Empecé a leer sobre geopolítica y a enterarme de lo que pasaba en el mundo”.

Astrid no solo era joven, guapa, divertida. También sabía estar y hablaba muchos idiomas. “Siempre se me han dado bien. El francés y el español son mis lenguas maternas. El alemán lo aprendí porque me enamoré de un alemán y pensé que si hablaba su idioma me haría caso, pero no hubo manera”. Con su perro habla en francés: “Hoody, ça suffit!”, le regaña para que deje de ladrar. Con el servicio, un matrimonio asiático, se comunica en inglés. Con su chófer, en portugués. Sus tres hijas estudian en un colegio inglés y con ellas habla indistintamente en francés o en inglés. En español hablan con su padre.

[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]
Astrid luce vestido de Givenchy, zapatos de Jimmy Choo, anillos de diamantes de Wempe y reloj de diamantes de Chopard. ©️Sofía Moro.

En aquella época, recorrió el mundo. Su padre le decía: “No te van a quedar sitios por conocer”. En uno de esos viajes de fin de semana coincidió con Isabel Sartorius. Ella también había estudiado en el Saint Chaumond y también era hija de padres divorciados. Se hicieron inseparables. Juntas vivieron todo tipo de experiencias. "Recuerdo que nos invitaron a una fiesta en Suiza. En un chalet, arriba en una montaña. Subías en trineos tirados por caballos; la gente, elegantísima, vestida con black tie. E Isa y yo, las únicas españolas pegadas a la chimenea muertas de frío".

Arrancarle un nombre resulta misión imposible. Desliza tímidamente que Carolina de Mónaco “ha educado muy bien a sus hijos, con los pies en la tierra”, y que Ernesto de Hannover está de vuelta de todo. “Solo quiere ser feliz y vivir la vida. Las fiestas más divertidas las he vivido yo en Alemania. Recuerdo esas noches en castillos donde hacía más frío dentro que fuera. Tan grande que era imposible calentarlo. Muchas generaciones comiendo con cubertería de plata. Es educación y tradición”, asegura.

Durante esos años de juventud e inconsciencia todo era una fiesta. “En 1992, me fui tres meses a Moscú a ver a mi amigo [el príncipe] Aimón [de Saboya-Aosta, quien había montado allí unos negocios]. Era como Chicago en los años veinte. Llegabas a las discotecas y la gente sacaba los Kalashnikov. No sé por qué un día terminé cenando con Álvarez del Manzano, entonces alcalde de Madrid, en casa del alcalde de Moscú, Yuri Luzhkov. Bebía vodka como si fuese agua. Bueno, qué va. Yo no soy capaz de beber tanta agua como ese señor vodka. Me hice su amiga y nos llevaba a su dacha [su casa de campo] a las afueras de la ciudad. Lo pasé genial”.

Cuando Astrid terminó la carrera de Económicas en ESADE, se fue a trabajar a París, a la banca Rothschild, al departamento de fusiones y adquisiciones. “Me encantó. La adrenalina, los deadlines... Estaba rodeada de gente muy lista, muy rápida. Fue una estimulación intelectual brutal”. Tras un año, cambió París por Londres. La contrataron en Crédit Suisse First Boston, donde trabajó en banca de inversión. En la ciudad del Támesis pasó ocho años y vivió una de las épocas más felices de su vida. “Me encanta Londres, su estilo de vida, el sentido del humor de los ingleses. Ganaba dinero, tenía libertad, me movía con un grupo de gente muy internacional”. De esa época viene su amistad con Kyril de Bulgaria, con José María Cano, excomponente de Mecano, con los Goldsmith... Y con muchos aristócratas británicos a los que no se atreve a mencionar. “Gente extremadamente discreta”, se disculpa.

En aquella ciudad fue donde conoció a Del Pino. “Nos presentó Carlo Clavarino. Lo vi dos veces, en dos fiestas. Hablamos mucho, pero no pasó nada. Cada uno estaba en una relación”. En 2004, fue a verlo a Madrid por un tema de trabajo. “Y esa misma noche nos liamos”. Astrid pasó de comprar sus billetes de avión a disponer de jet privado. De conducir, a secas, a pilotar helicópteros. “No se me daba muy bien. Mi profe me decía: ‘Tú no aterrizas, tú aporrizas”. De producir dinero a dejar de trabajar. De ser Astrid Gil-Casares a convertirse en la mujer de Rafael del Pino. De ganar comodidades a perder identidad. “Es un hombre tan poderoso que pasas a ser su documento adjunto. La gente te borra completamente y los que no te borran es porque eres la mujer de Rafael del Pino. Hay que aprender a vivir con eso”. Y ella aprendió. Aunque algún disgusto se llevó. Como aquel día que, estando con uno de sus íntimos amigos y su marido, alguien llamó al móvil del primero y este contestó: “Estoy aquí, con mi amigo Rafael del Pino y su mujer”. Astrid, su amiga, había “desaparecido”.

Fue después de su boda, tras mudarse a Madrid y quedarse embarazada de su primera hija, cuando Astrid se lanzó a escribir su primer guion. “Siempre he sido muy lectora y me ha gustado la escritura. Un día mi abuelo me dijo: ‘No entiendo por qué ya no hay películas de amor y lujo tipo Sabrina, Historias de Filadelfia, donde todos son felices, guapos, muy elegantes y no dicen palabrotas”. Así nació Ajedrez para tres, la cinta que Gil-Casares querría llevar al cine con la ayuda de Amiguetes, la productora de Santiago Segura y su socia de toda la vida, María Luisa Gutiérrez.

Cae la tarde y en el horizonte se dibuja el skyline de la capital. Desde que se separó, la vida de Astrid se ha vuelto muy tranquila. “No veo a nadie. Llevo 12 meses sin salir de casa. Necesitaba un periodo de introspección. Y menos mal, porque mi móvil no ha vuelto a sonar. Hasta el punto de llamarme a mí misma desde el fijo para comprobar si funcionaba”, explica mientras da un sorbo a su inseparable termo, relleno con café capuccino. Solo se veía con sus íntimas. Isabel Sartorius, Carolina Herrera, Paloma Segrelles o Ágatha Herrero, una compañera de colegio casada con un judío de Nueva York y a quien visita cuando necesita airearse. También la británica Laetitia Cash, hija del político conservador sir Bill Cash (e íntima a su vez de Amal Clooney) y alguna más. “No hay nada más fuerte que la amistad entre dos mujeres”, suele repetir.

"Hay gente que se separa y necesita salir a la calle. No ha sido mi caso. En La Moraleja no conozco a nadie. A veces tengo la sensación de vivir en el extranjero”. Aquí, cuando las niñas están con su padre y ella se abandona a la introspección, concibe el próximo tatuaje con el que marcará su cuerpo. Casi siempre como consecuencia de una mala noticia, una llamada del abogado o una vista en el juzgado. “Son las marcas del divorcio”, me repite. “Me tengo que defender”. Y mientras se levanta la camiseta con una mezcla de desafío y orgullo me enseña el último: “My body is a woman, my soul is a warrior”. Para que nadie lo olvide. Ni siquiera ella.

[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]
Gil-Casares lleva chaqueta y top de Lanvin, pantalón de crepé de Carolina Herrera N.Y y sandalias de pedrería de Lanvin. ©️Sofía Moro.

[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]

_________________
[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]
avatar
Tasmania
Cotorrilla
Cotorrilla

Mensajes : 1312
Fecha de inscripción : 15/03/2017

Volver arriba Ir abajo

Re: Divorcios en las altas esferas patrias o allende nuestras fronteras

Mensaje por jotajota el Vie Sep 01, 2017 11:56 pm

La primera vez que supe de su divorcio y su cambio de aspecto pensé con lástima: Esta mujer ha pasado por una experiencia traumática.
No había leído esta entrevista ni la colección de nombres y lugares chupiguays que menciona.
Ahora, después de haberla leído, ya no me creo nada.
No se si es ella o el enfoque de la revista, pero es todo muy superficial.
Según ella, Carolina de Mónaco ha educado muy bien a sus hijos ¿y con los pies en la tierra? Me meo.
Una mujer con su bagaje personal y profesional, ¿se asombra del poder de su marido? ¿Y cuando las cosas en el matrimonio van mal se deja hundir por él?
Con lo de necesitar los tatuajes en vez de terapia, no me voy a meter, porque es un tema serio si es verdad que ha sufrido.
En la freidora se comentó este tema y alguien dijo que estaba avisando al ex millonetis: O me sueltas panoja en cantidades industriales o largo por esta boquita.
Ahora mismo lo que se me ocurre es que ha empezado una nueva relación con algún artista "maldito", joven, flacucho, todo cubierto de tatuajes, aficionado a la buena vida y quiere vivir la vida loca junto a él, sin dar un palo al agua ninguno de los dos.
avatar
jotajota
Pollito
Pollito

Mensajes : 359
Fecha de inscripción : 16/03/2017

Volver arriba Ir abajo

Re: Divorcios en las altas esferas patrias o allende nuestras fronteras

Mensaje por TietaBorroka el Sáb Sep 02, 2017 7:59 am

Solo voy a decir una cosa, como propietaria en mi misma de tatuajes: es cierto que a veces representan momentos especiales de la vida, pero hijademicorasón, nadie se tatua mierdas como "escudo" a tu ex-marido, nadie se tatua una llamada del abogado. O es una excusa idiota para hacerse la victima, o mas le valia echar mano de 10 años de terapeuta. Vamos, que le pasa esto:
[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]

PD Si no le gusta la Moraleja, que se mude a otro lado...yavestu.
PD2 En realidad no cuenta nada. Habla de su infancia y juventud pero del divorcio chitón, aunque deja leer entre lineas que fue por una infidelidad de el.
avatar
TietaBorroka
Cotorrilla
Cotorrilla

Mensajes : 1603
Fecha de inscripción : 17/03/2017

Volver arriba Ir abajo

Re: Divorcios en las altas esferas patrias o allende nuestras fronteras

Mensaje por Tulipán el Sáb Sep 02, 2017 8:50 pm

no me puedo creer que haya leido todito, madre mia el ego de esta mujer es enorme :sleep1: :sleep1: :sleep1:
yo tengo, yo  hablo, yo  conozco, yo me he pasado por el catre de... , bla, bla, bla....me ha recordado a Vaga Rollo pero con más "caché" claro.
avatar
Tulipán
Moderador
Moderador

Mensajes : 1640
Fecha de inscripción : 15/03/2017

Volver arriba Ir abajo

Re: Divorcios en las altas esferas patrias o allende nuestras fronteras

Mensaje por jotajota el Sáb Sep 02, 2017 9:26 pm

[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] escribió:no me puedo creer que haya leido todito, madre mia el ego de esta mujer es enorme :sleep1: :sleep1: :sleep1:
yo tengo, yo  hablo, yo  conozco, yo me he pasado por el catre de... , bla, bla, bla....me ha recordado a Vaga Rollo pero con más "caché" claro.

Es verdad que tiene más caché que Vaga Rollo, y por eso mismo se podía haber currao un poco más los tatuajes, que son cutres y feos de cojones, como serían los de la propia Vaga :yay:
Con los artistazos tatuadores que hay y su nivel de vida, se podía haber hecho maravillas y no ese estropicio :axesmiley:
avatar
jotajota
Pollito
Pollito

Mensajes : 359
Fecha de inscripción : 16/03/2017

Volver arriba Ir abajo

Re: Divorcios en las altas esferas patrias o allende nuestras fronteras

Mensaje por Contenido patrocinado


Contenido patrocinado


Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.